A veces, cuando tenemos miedo de perder a alguien, empezamos a hacer pequeñas renuncias que casi no percibimos.
Callamos lo que nos molesta, nos adaptamos a lo que la otra persona necesita o dejamos de hacer cosas que antes eran importantes para nosotras.
Quizá lo hacemos para evitar un conflicto, para no decepcionar o porque sentimos que, si dejamos de hacer determinadas cosas, la relación puede cambiar.
Y poco a poco, sin darnos cuenta, podemos acabar dando más espacio al miedo a perder al otro que a nuestras propias necesidades.
Pero ¿qué pasa contigo mientras intentas que la relación funcione? ¿Qué necesitas tú? ¿Qué partes de ti estás dejando fuera para mantener ese vínculo?