¿Y si no necesitas cambiar tu cuerpo, sino la forma en la que has aprendido a mirarlo?
Vivimos rodeadas de mensajes sobre cómo debería ser nuestro cuerpo, de ideales de belleza que parecen decirnos constantemente qué tenemos que cambiar para sentirnos mejor con nosotras mismas.
A veces, esto hace que nos relacionemos con nuestro cuerpo desde la exigencia, la comparación o la sensación de que nunca es suficiente. Como si siempre hubiera algo que corregir antes de poder sentirnos cómodas con nosotras mismas.
Pero ¿qué pasaría si empezáramos a cuestionar todo eso que nos han enseñado? ¿Si dejáramos de poner tantas condiciones a nuestro cuerpo para permitirnos vivir, disfrutar y ocupar nuestro espacio?
No se trata de que tengas que amar tu cuerpo todos los días, sino de que puedas construir una relación con él que no esté basada en el rechazo, sino en la aceptación.